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Días malos para el súper dólar
¿Está en riesgo la posición de los Estados Unidos como la
superpotencia dominante del mundo si el dólar pierde su
condición de superdivisa? Tal vez no, pero ciertamente a los
estadounidenses les resultará mucho más costoso mantener su
hegemonía global si su moneda queda fuera del podio.
Hasta ahora, los estadounidenses se han bañado en ganancias al
obtener préstamos baratos de extranjeros condescendientes e
invirtiendo el dinero en valores, tierras y bonos extranjeros de
alto rendimiento. Si se consideran las ganancias de capital, se
han beneficiado en el margen de los US$ 300 a los 400 mil
millones anuales en varios de los últimos años, suma más o menos
equivalente a todo el presupuesto militar de EE.UU.
El ex presidente francés Valéry Giscard d’Estaing se quejó una
vez del “exorbitante privilegio” de Estados Unidos, encolerizado
por el hecho de que EE.UU. pareciera poder inundar el mundo de
dólares y deuda sin jamás pagar un precio en términos de mayor
inflación o más altos tipos de interés.
Al menos la mitad de los US$ 800 mil millones de circulante
estadounidense se encuentra en el extranjero, principalmente en
la economía informal global. Pero el gran dinero está en lugares
como el Banco Popular de China y el Banco de Japón, que
mantienen pasivamente enormes volúmenes de deuda de EE.UU. a
bajos intereses, mientras los estadounidenses recorren el mundo
con capitales de riesgo, capitales privados y bancos de
inversión, cosechando inmensas ganancias.
Ha sido un gran negocio para los Estados Unidos, y la supremacía
financiera del país ciertamente ha aliviado la carga de ser una
superpotencia. Sin embargo, entre la crisis de las hipotecas
basura de EE.UU. y el constante declive del dólar, el
exorbitante privilegio de Estados Unidos hoy parece estar
tambaleando.
El dólar ya ha perdido un 25% de su valor en los últimos cinco
años, y si Estados Unidos entra en recesión (una posibilidad del
50/50 hoy en día), va a caer mucho más. Los inversionistas
extranjeros ya están reorganizando sus carteras, pasando a
euros, libras esterlinas o incluso monedas de mercados
emergentes como el real brasileño y el rand sudafricano. Los
controvertidos “fondos de riqueza soberana”, que invierten
fondos para gobiernos en Oriente Próximo, Asia, Rusia y otros
lugares, son apenas una manifestación más de la búsqueda de
alternativas a los bonos en dólares, de bajo rendimiento y
rápida depreciación.
Incluso sin hacer cambios a las carteras, los estadounidenses no
deberían esperar que su suerte reciente continúe en el futuro.
Si se da una desaceleración global, cualquier región que tenga
acciones en posiciones largas o de compra y bonos en posiciones
cortas o de venta, va a resultar afectada adversamente.
Lamentablemente, frente a los crecientes riesgos del estado del
dólar las autoridades estadounidenses, en lugar de cuidar la
principal exportación del país, parecen más interesadas en
exprimirla. El gobierno mismo de EE.UU. ha aprovechado la
situación incurriendo en enormes déficits. A la Reserva Federal
parecen importarle los tipos de cambio sólo en la medida que
afecten el crecimiento y la inflación, y en estos momentos el
dólar débil está ayudando las exportaciones de EE.UU. Por último,
pero no menos importante, la política tributaria estadounidense
escasamente fomenta el ahorro del sector privado, en especial si
se considera el tratamiento tributario preferencial que tienen
los bienes inmuebles.
Pensamos que sin ajustes de políticas proactivos, el dólar es
vulnerable a sufrir un gran colapso, con muchos riesgos
concomitantes. Desgraciadamente, ese escenario parece hoy estar
comenzando a ocurrir.
Sólo este año, el valor del dólar ha caído otro 10% en términos
de poder de compra con respecto a los principales socios
comerciales de Estados Unidos y en 2008 podría caer al mismo
ritmo, o más rápido si los inversionistas globales deciden huir
en estampida. Cuando el Primer Ministro chino, los jefes de
estado de la OPEC y la supermodelo más rica del mundo coinciden
en expresar su preocupación acerca del dólar, podemos estar
seguros de que el camino por delante va a estar lleno de baches.
La buena noticia para los estadounidenses es que el sistema
financiero y comercial mundial se caracteriza por una enorme
inercia. Fueron necesarias varias décadas y dos guerras
mundiales antes de que la libra esterlina perdiera su condición
de superdivisa. Además, tampoco hay todavía un sucesor obvio
para el dólar.
De hecho, la crisis de las hipotecas basura ha hecho que el
sistema financiero europeo luzca tan vulnerable como el de
EE.UU. De manera similar, si bien puede que el Yuan chino sea la
moneda dominante en 50 años, el moribundo sistema financiero de
China evitará que reciba esa corona en un futuro muy próximo.
Una enorme parte del comercio mundial se hace en dólares, aunque
algunos presidentes de la OPEC, como Hugo Chávez de Venezuela,
prediquen abiertamente la rebelión. Los bancos centrales todavía
poseen más del 50% de sus reservas en moneda extranjera en
dólares.
No obstante, abundan las señales de peligro. A menos que EE.UU.
actúe pronto, puede encontrarse con que la franquicia de su
superdivisa ha perdido gran parte de su valor. Los votantes
estadounidenses, conocidos por aborrecer las alzas de impuestos,
podrían comenzar a pensar mucho más en los costes económicos
reales de la condición de superpotencia de su país.
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